Cuento de la rana y la leche

Hoy te ayudo | 08/01/2013 | 8.25 / 10 | comentarios

Cuando era pequeña, escuché un pequeño cuento que hizo mucho en mí. Cuando hay veces que viene gente triste, pensando que no hay salida, se lo cuento. Espero que te ayude a ti también.

Un día nublado de esos que no apetece salir, dos ranas de río, salían de su charca en busca de algo que comer. Cerca, había una pequeña casa al estilo rural, donde la familia que vivía ahí, dejaba cacharros y cacerolas pendiente de limpiar durante días, y era un buen sitio donde buscar comida.

Al llegar allí, encontraron una cacerola bien grande, a la que no alcanzaba su vista en ver lo que había dentro. Así que se con gran fuerza, se dieron un impulso con sus patas y saltaron a ver que había dentro. Fruto del infortunio, una racha de viento en ese momento las desplazó con la fatalidad de caer dentro de la gran cacerola.

Cual fue su sorpresa, que estaba lleva de leche. Inmediatamente se pusieron a nadar y nadar para no ahogarse. Intentaban saltar para poder salir de esa trampa mortal, pero no lo conseguían. Al ser tan profunda, sus patas no alcanzaban el fondo. Así que nadaron y nadaron y nadaron durante horas y horas.

Cuando ya pasaron muchas horas y ya entraba la noche, una de las dos ranas le dijo a la otra.
- Esto es imposible, me voy a dar por vencida. No le veo a esto salida.
A lo que la otra le respondió.
- ¡No!, no desesperes, sigue nadando, encontraremos la salida de algún modo.
Pero ya era tarde, la otra rana pensó que no valía para nada tanto esfuerzo. Que no habría salida, que no merecía la pena seguir intentándolo. Así que dejó de nadar y cayó en la profundidad.

La otra rana, siguió y siguió nadando. Durante largo tiempo pensó que debía hacer lo mismo, pero algo en su interior le decía que siguiera. Que no se rindiera. Y así lo hizo, continuó nadando y nadando hasta que perdió en conocimiento por tanto esfuerzo.

A al mañana siguiente, despertó sobre una base cremosa muy sólida. ¡No comprendía!, ¿Cómo podría ser?, Anoche estaba nadando en ese líquido blanco, y ahora ¡había desaparecido!

Lo que no sabía la rana es que tras estar nadando y nadando, lo que realmente hacía sin saberlo era batir la leche, convirtiéndola en mantequilla, y así no morir por ahogamiento.

Aslí que la rana llena de espíritu, daba gracias por el milagro y lo festejaba comiéndose las moscas que acudían.

La moraleja es clara. Por más que veas todo negro y pienses que no hay salida, de alguna forma que quizás ni imagines, se saldrá. Hay que tener esperanza, que Dios proveerá.

Si piensas que ya no puedes más, llámame al tarot.

· Creado por Lucía santino Lucía santino | · Perfil gplus
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